¿Quién podrá ser salvo?
San Lucas 18:18-34

Un hombre principal se acercó a Cristo Jesús, y le llamó, “Maestro bueno,”y le preguntó, ¿Qué haré para heredar la vida eterna?” En su pregunta, está diciendo algo. A veces, nuestras preguntas dicen mucho sobre nosotros, antes de recibir cualquier respuesta. Si hago la pregunta, “¿Por qué está robándome?”, aunque es una pregunta en sí, estoy diciendo que tú eres ladrón. Otro ejemplo está en San Mateo 24, cuando se acercaron a Cristo, y le hicieron la pregunta, “¿Qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”En esa pregunta los discípulos están diciendo que creen que sí van a haber señales de la venida de Cristo Jesús, aunque Cristo nunca dijo así. Al contrario, dijo que no debemos creer a los que nos dicen que saben cuando va a venir el Hijo del Hombre [versículos 4 y 5]. Pues, en la misma manera, el hombre principal está diciendo que hay algo que podemos hacer para ser salvos, porque dice, “¿Qué haré para heredar la vida eterna?” Y aun la palabra “heredar” indica que cree que la salvación es algo que nos merecemos o que pertenece a unos por derecho, como la herencia pertenece a los hijos del difunto.

Y hoy en día, hay mucha gente semejante. Hay muchos que hacen tantas cosas con la esperanza de que en hacerlas, van a merecer la vida eterna. Hay unos que piensan que con ir a los cultos de la iglesia ganaron el favor de Dios. Otros piensan que sus obsequios a la iglesia, especialmente el dinero, les vale algo. Otros, que en obedecer a lo que dice Dios en su Palabra, o aun reglas inventadas por la iglesia, que van a merecer algo. Otros, que en negarse a sí mismos las cosas mundanales, o resistir a varias tentaciones, que son por eso dignos de recibir la vida eterna. Y Uds. pueden imaginar o han observado otros asuntos que la gente piensa que merecen la gracia y favor de Dios para recibir la vida eterna.

Pues, antes de contestar a la pregunta del hombre, Cristo comentó la manera como le saludó. Le dijo, “¿Por qué me llamas bueno?” Es un poco extraño, porque casi a todos les gusta ser alabados con títulos como “hombre bueno” lo consideran un complido, pero Cristo sabía la intención del hombre en su saludo. El hombre está diciendo, en efecto, que Cristo es un hombre bueno, que merece la vida eternal, y por eso, también el hombre principal pueda ser bueno, y así merecerla también. Y aunque, en verdad, Cristo sí es perfecto y bueno, rechaza el saludo así, porque no quiere entrar en la trampa de decir, “Tú eres bueno, y yo puedo ser bueno también.”

Y por eso, Cristo comenzó a contestar a la pregunta (¿Qué haré para heredar la vida eterna?),  pero en una manera muy interesante. Al contrario de discutir con el hombre, él respondió a su pregunta como si fuera posible por sí mismo hacer algo para ser salvo. Dijo al hombre, “Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.” Estos son unos de los diez mandamientos. Pero, es interesante que Cristo mencionó solamente unos, y no todos—principalmente los que tienen que ver con nuestras relaciones con los otros hombres, y no los que hablan de nuestra relación con Dios, y tampoco el que habla de la actitud de nuestro corazón hacia los otros, el de “no codiciarás.”

Y por eso, el hombre le dijo, “Todo esto le he guardado desde mi juventud.” Está diciendo que cumplió con los mandamientos de Dios. Pero, añade, “desde mi juventud,” como si fuera posible excusar  los pecados anteriores. Esto es contrario a lo que dice Dios en su Palabra. Por ejemplo, en Salmo 51, David dice, “He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.”Dice David que desde el vientre de su madre, ha sido pecador, y por eso, confiesa su pecado, porque sabe que no puede esconder nada de Dios. Pero, este hombre aquí, al contrario, dice, “Todo eso lo he guardado.” Está diciendo que no hace el pecado en ninguna manera, y creo que es sincero: que en su propia corazón, cree que es un hombre bueno, casi perfecto, y quiere la seguridad de Cristo que sí va a recibir la vida eterna como recompensa por su vida buena.

Y hay muchos así, hoy en día. Aunque hay pocos que dicen que nunca han hecho un pecado, todavía hay unos que piensan que tienen suficientes obras buenas para merecer la vida eterna. Pero Dios dice que no es suficiente tener una buena vida—para merecer la vida eternal, tiene que hacer todo, completamente y perfectamente. Como dice en Santiago 2:10, “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.” Y Cristo sí es así, porque cumplió toda la Ley de Dios sin excepción en cualquier punto. Como dice en Hebreos 9:14, se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, y “tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos.” [Heb. 7:26]

En ese momento, supongo que el hombre fue bien contento, porque podría pensar en sí mismo, “¡Qué bueno! Soy salvo, porque estoy haciendo bien.” Pero Cristo no le dejo salir con este pensamiento. Le dijo, “Aún te falta una cosa.” Cristo no le acusó de violar toda la Ley, sino le dijo, “falta una cosa.” Y posiblemente el hombre estaba pensando en sí mismo, “¡Qué bueno! Una cosa más, y ya.” Pero Cristo vio la actitud de su corazón, que aunque obedeció mucha de la Ley de Dios, no lo hizo por amor de Dios, sino para justificarse a sí mismo. Y para enseñarle la clase de fe que es necesario para ser salvo, le dijo al hombre, “vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.

Ahora, mis amigos marxistas están diciendo, “¡Viva la revolución!” Pero Cristo no está dando una regla para todos. No es pecado de ser rico en sí. Pero, Cristo conoció a este hombre, y sabía que amó más a sus bienes que a Cristo, y eso es porque le dijo, “vende todo los que tienes, y dalo a los pobres.” Y le dijo, no para que pueda ganar el cielo en renunciar las cosas del mundo, mas para que pueda hacer lo que Cristo le mandó, “y ven, sígueme.” Y también Cristo le dijo, “y tendrás tesoro en el cielo.” Cristo sabía que su tesoro verdadero estaba en los bienes mundanales que estaba guardando, y por eso le mandó a vender todo para seguirle. No, no es una regla para todos, pero es posible que es necesario para Ud. Cualquier cosa que ame más que a Cristo es el impedimento a su caminar con Él. El problema con este hombre es un problema que casi todos, si no es que todos, tienen. No vemos bien nuestro propio pecado, y nuestra propia necesidad. El adúltero dice, “no soy borracho,” y el borracho dice, “no soy ladrón,” y el ladrón dice, “no soy adúltero.” Pero Cristo nos animó a examinamos a nosotros mismos, como dijo en San Mateo 7, “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” [versículo 3]

Pero, cuando el hombre oyó a Cristo decir que debía de vender todo y regalarlo a los pobres y seguir a Cristo, le entendió bien. Y reveló lo que de verdad estaba en el corazón del hombre, y por eso, nos dice, “Oyendo esto, se puso muy triste, porque era rico.” [Versículo 23]  ¿Y por qué? El tener riqueza en sí no quita la fe. Habían sido varios hombres ricos que confiaron en Dios, como Job, Salomón, y Abraham, y aun José de Arimatea, en la época de Cristo. Pero lo que pasó a este hombre es obvió—amó más a su riqueza que a Dios, y no querría dejarla para seguir a Cristo. Al contrario, cuando Dios quitó todo a Job, y no solo sus bienes, mas también su salud y a sus propios  hijos, no negó a Dios, sino dijo, “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.” [Job 1:21]

Pero muchos son como el hombre principal. Aunque dicen que quieren hacer lo que es necesario para heredar la vida eterna, de verdad, cuando se enfrenta con la necesidad para dejar algo para servir a Cristo, no quieren hacerlo—y así, muestran donde están sus corazones. Y por eso, Cristo dice, “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” Y, ¿por qué? Porque los ricos aman su riqueza, y por eso, a veces los marxistas tienen razón en parte, porque hay unos, si no es que muchos, que no pueden abandonar su riqueza para servir a Cristo. Y entonces, Cristo nos dijo, que “es más fácil pasar un camello por el ojo de una guja, que entrar un rico en el reino de Dios.” [versículo 25] Unos dicen que hay una puerta en la muralla de la ciudad de Jerusalén que se llama el ‘ojo de la aguja’, y es muy difícil pasar un camello por ahí. ¡Qué error! Cristo está diciendo lo que está diciendo: ¿puede pasa un camello por un paso estrecho? Sí. ¿Acaso puede pasar un camello por el ojo de una aguja? ¡En ninguna manera! ¡Es completamente imposible! ¡Es ridículo!  Y así también, para un rico que confia en su riqueza ser salvo es imposible. Pero, no solo es imposible para los ricos. Mira la pregunta de la gente, ¿Quién, pues, podrá ser salvo?

Hágase esa pregunta a sí mismo. ¿Quién podrá ser salvo? Casi todos piensan que la gente religiosa puede ser salva. Pero, ¡Mira! El hombre principal es un hombre religioso, y no fue salvo. Y otros piensan que los que tienen un puesto en la iglesia, como los papas y los evangelistas y los sacerdotes son salvos, pero, ¿Quién mató a Cristo? ¡Los sacerdotes, hasta el pontífice!

Pues, entonces, ¿Quién puede ser salvo? Es imposible para el hombre hacer algo para salvar a sí mismo. No solo para los ricos, sino también por la misma razón que los ricos no pueden ser salvos—somos pecadores, y amamos a nosotros más que a Dios, y buscamos lo nuestro, y no las cosas de Dios. Por eso, el Señor nos dice en Romanos,
Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan.     Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; Quebranto y desventura hay en sus caminos; Y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos. [versículos 10b-18]

Entonces, ¿Quién podrá ser salvo? Y Cristo nos da la respuesta: “lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.” [versículo 27] Nuestra salvación no depende en nosotros—nuestra salvación depende completamente, del principio al fin, en la obra de Dios. Oh, sí, vamos a recibir recompensa, si hemos perdido algo para seguir a Cristo, y Dios sí va a dar a nosotros reconocimiento de las buenas obras. Pero, esto no es porque vamos a recibir la vida eternal. Cristo nos dice aquí como vamos a ser salvos: “He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará.” Es la obra de Cristo, y ninguna menos y ninguna más, que puede salvarnos. Oh, yo sí sé, casi todos quieren decir, “Sí, Cristo hizo su parte, pero tengo que hacer mi parte.” Y así es la mentalidad del hombre. Pero así no es. Ni asistir a los cultos de la iglesia, ni dar obsequios, ni leer la Biblia, ni orar, ni guardar la Ley y Palabra de Dios—ninguna cosa, aunque sea una cosa muy buena, puede salvarnos. Solo Cristo puede salvarnos. Si confío en cualquier otra cosa, voy estar desanimado, porque va a fallar. Solo Cristo, y confiar en Él, puede salvar. Es como el Señor nos dice en Efesios 2, Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo(A) (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” [versículos 4-10] ¿Pueden los muertos hacer buenas obras? No. ¿Pueden los muertos aceptar a Cristo? No. ¿Pueden los muertos hacer cualquier cosa? No. Pero Dios, que es rico en misericordia, nos dio vida juntamente con Cristo.

Tal vez Uds. no entienden esto. No te preocupes. Tampoco los discípulos de Cristo le entendieron, porque nos dice en versículo 34, “Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía.” Pero, hermanos, así es. El hombre no puede ser salvo por sí mismo. No tenemos la justicia, o rectitud, o riqueza, o belleza, o raza, o nacionalidad, o inteligencia, o ninguna otra cosa para ser salvos. Al contrario, somos rebeldes, enemigos de Dios, y egoístas, preocupados por nuestro bien, y no dispuestos servir a Dios. Por eso, lo que necesitamos es una obra de gracia en nuestros corazones. Y solo Dios puede hacerlo. Lo que tenemos que hacer es abandonar la esperanza de salvarnos a nosotros mismos, y rendirnos al Señor, y confiar en Él, y la obra que Él hizo en su Hijo amado, para hacer lo que es imposible—y confiar que Él sí va a hacerlo.

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